Para entender a los Estados Unidos, tenemos que entender su culpabilidad

Gráfico por Anna Arnsberger

Sofía Uriagereka Herburger Editora de revista, Editora de revista

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En tiempos como estos, cuando estamos viendo la deterioración del reportaje ético, y el desestablecimiento de varios gobiernos latinoamericanos, la historia verdadera importa más que nunca. Al ignorar la relación obvia entre el gobierno estadounidense y la falta de estabilidad en América Latina, estamos ignorando no sólo las muertes y torturas que ocurrieron en varios países, sino también el legado permanente en que ha resultado. 

“El capitalismo es una cosa salvaje,” me dice Andrea Paipa. Estamos en su apartamento, hablando sobre Argentina, mientras su esposo, Ben, práctica el acordeón, enfatizando la nota elegíaca de nuestra conversación. Paipa, que es madre de una ex alumna de Wilson, y una natural de Buenos Aires, es de la opinión de que el FMI (Fondo Monetario Internacional) ha tenido un efecto sumamente negativo en América Latina. “Lo que hicieron en esos tiempos no sería posible ahora,” dice. “Lo de cláusulas secretas….no sería posible.” Es precisamente por el hecho de que ahora sería imposible que tenemos que mirar al pasado y decir que ahi, tambien, fue inaceptable. Se pueden considerar múltiples ejemplos–el golpe de estado contra Salvador Allende en Chile, por parte de la CIA y el FMI, que instaló a Pinochet, los esfuerzos continuos de reprimir a los comunistas e izquierdistas salvadoreños desde  la administración de Eisenhower, a la de Obama, las implementaciones de guerrillas en Guatemala por parte de la administración de Reagan; todos ellos terminando con miles de muertos y ninguna responsabilidad tomada por el gobierno de los EEUU.

Parece mentira que después de tantas décadas todavía nos cueste condenar las dictaduras, que todavía se haga falta insistir en que ninguna estrategia económica vale más que las vidas de tantos. En los mismos pasillos de Wilson, falta una explicación concreta de la culpabilidad de instituciones americanas. La explicación aguada y simplista dada en las clases de AP Español y Cultura se centra en las maneras en que la dictadura de Pinochet, que fue absolutamente brutal, “ayudó” a la economía chilena, y no en lo que definió esa época para Chile—las desapariciones, las torturas, los muertos. Es una falta de respeto presentar lecturas que detallan el ‘plan’ económico de Pinochet y mencionan las torturas y desapariciones como un hecho discutible. No importa qué detalles se añaden después, qué matices se aplican posteriormente–si la historia de una dictadura se va a presentar con aspectos positivos ya se ha faltado a la verdad. Tiene que quedar claro que la participación estadounidense en la instalación de una dictadura no es indicativo de elementos morales. Al contrario, es indicativo de la falta de ética en nuestro gobierno.

Es aún peor en las clases de AP Historia Estadounidense. Aunque no sea culpa de los profesores, no estamos aprendiendo la historia de las atrocidades cometidas en tierras extranjeras por parte de nuestro gobierno. No solo es lo moral sino que también es necesario para obtener una perspectiva completa del gobierno americano en términos de sus actuaciones globalmente, y al nivel de su colaboración con las corporaciones. No se puede comprender la guerra fría sin entender la peligrosa intimidad entre los EEUU y el capitalismo, o el miedo ante las multitudes izquierdistas en América Latina. 

“Se supone que estas son instituciones independientes,” dice Paipa, con una nota de resignación en su voz. “Pero no. Están basadas, centradas, aquí.” Si verdaderamente tenemos la intención de construir puentes con América Latina y no murallas, tenemos que primero admitir nuestro papel encausando la inestabilidad que requiere un puente. •